Pero si hubiera sido más emocional, no se habría divorciado de Carlos.
Polo respiró profundamente. Vinieron desde afuera la risa y las hablas de Lucía y Carla.
Sentadas en un patio pequeño y soleado, rodeadas de iris florecientes y el aroma de galletas de arándanos rojos y macchiatos flotando en el aire, la imagen de ese momento hacía que quisiera perpetuarla.
—No te preocupes.—Estela sonrió, —¡Solo como a tu hermana le gusta tanto Lucía, yo, como tu madre, haré lo mejor que pueda!
—En realidad,