Polo le dio un vistazo, y esta pregunta había estado en su mente durante mucho tiempo.
Pero lo más extraño para él era que los dos tenían buena enérgía física incluso entre los hombres, y ahora no podían seguir el ritmo de estas dos mujercitas, y estaban casi caídose por cansancio.
Parecía que debería darle un puequeño castigo a ella.
—Oye, ¿de qué te ríes?—Teo se agitó la mano frente a sus ojos.
Polo volvió a él, contuvo su sonrisa y mostró su semblante habitual con frialdad.
—Teo—Polo dijo con