La figura alta y hermosa apareció a la vista, y Teo no pudo evitar agarrar el reposabrazos de la silla de ruedas.
—¿Por qué la trajiste?
Polo dijo con calma, —Acabas de decir que si hay algún malentendido, debes explicarlo lo antes posible y no se puede retrasar demasiado.
—¡Estoy hablando de ti!— Teo lo fulminó con la mirada.
Polo tenía una vaga sonrisa en la esquina de su boca. Miró a Lucía y agitó la mano suavemente.
Lynn caminó hacia él lentamente.
Cuanto más lo acercaba, más claros se volví