Ciudad central, club privado.
Carlos bebió ese té durante medio día, mirando de vez en cuando a Jorge, que estaba de pie frente a él, con una mirada despectiva recorriendo su rostro lleno de carne.
Diego sonrió con suficiencia y enarcó las cejas, —Papá, ¿qué te parece mi idea?
—Con este hombre, podemos matar a Polo en secreto. Entonces él será nuestra marioneta, ¡y Grupemente Juárez te pertenecerá!
Carlos rio secamente dos veces y agitó la mano, pidiendo a alguien que sacara a Jorge.
—¿Quién más