Teo rio ligeramente, y se veía inocente.
—¿No es este la cafetería? ¿Qué otra cosa podría estar haciendo aquí?
Polo lo examinó cuidadosamente, sin perder la más mínima expresión.
No lucía tan agresivo como la última vez, pero no era fácil concluir si venía con buenas o malas intenciones.
Polo se dio la vuelta y cogió a Lucía por los hombros, susurrándole que se fuera a casa primero, que él se encargaría de aquí.
Lucía estaba un poco inquieta, pero al ver que insistía, no tuvo más remedio que sal