—¿México? —apretó los dientes, intentando contener la frustración—. ¿Eso es todo lo que tienen? ¿Una maldita suposición?
—Fue imposible seguirla, señor Dietrich —dijo uno de los tres hombres a los que había delegado la labor de encontrarla—. Cuando nos asignó esta tarea, ella ya había salido del país. Retiró efectivo y compró el pasaje. Fue cuidadosa en no dejar rastros electrónicos. Solo pudimos rastrear el movimiento bancario y la compra del boleto, y… sí, el destino fue México. Pero el país