—¡Eres una tonta!
Rubí acababa de salir del consultorio de su terapeuta cuando se encontró cara a cara con su padre.
El rostro de Mauricio Visconti estaba completamente desfigurado por la ira. Sus ojos saltones y violentos, su cuello hinchado por las venas mientras sus manos se empuñaban con fuerza al costado de su cuerpo.
El chofer bajó rápidamente del auto y se interpuso entre ellos, quizás notando las intenciones asesinas de su progenitor.
Y es que aquel hombre parecía dispuesto a armar un e