El campus esa mañana parecía respirar de manera distinta, como si la intervención que habíamos sostenido durante días empezara a manifestar no solo efectos visibles sino corrientes de tensión que hasta entonces habían permanecido dormidas. La luz del sol entraba en los ventanales con un ángulo bajo, proyectando sombras largas sobre los senderos y los bancos, y cada movimiento de los estudiantes se sentía más cargado de intención, como si la conciencia colectiva que habíamos ayudado a activar co