ZOE
La encontré en su oficina, una habitación pequeña, apenas iluminada por la luz amarillenta de un monitor que parpadeaba de forma irregular. Bianca estaba sentada detrás de su escritorio, con las manos entrelazadas y los ojos fijos en mí, como si me hubiera estado esperando durante toda mi vida y supiera exactamente cuánto tiempo me tomaría llegar. No había alarma, no había guardias, no había justificaciones posibles; solo ella y yo, y un silencio cargado que parecía pesar más que cualquier