La huella no desapareció cuando el viento volvió a alinearse con la estabilidad dominante, y tampoco se diluyó con el paso de los segundos como habría ocurrido en cualquier fase anterior, porque lo que se había producido no era una variación aislada, sino una alteración mínima pero persistente en la forma en que el sistema absorbía y reorganizaba sus propias dinámicas, una modificación que no se imponía desde fuera, sino que había sido integrada desde dentro sin resistencia visible, y en esa ac