La luz del amanecer se filtraba tímida por las cortinas entreabiertas del pequeño apartamento sobre Dolci Sogni. Marie despertó primero, envuelta en el calor de un cuerpo que ya no le era extraño. Octavio dormía profundamente a su lado, con un brazo posesivo rodeando su cintura y el rostro relajado contra la almohada. El hoyuelo que tanto la desarmaba estaba oculto, pero su presencia seguía allí, en la curva suave de sus labios.
Marie permaneció quieta, observándolo. Esperaba sentir el arrepent