—Ah, así que son hermanas. ¡No es de extrañar que sus apellidos sean iguales! Entonces, señorita Aitana Lancaster, ¿le gustaría quedarse aquí para presentar la obra junto a su hermana? —expresó la presentadora, visiblemente sorprendida.
Aitana se sentía furiosa por dentro. Con Valentina aferrándose a su muñeca y sin soltarla, solo pudo apretar los dientes en silencio y forzar una sonrisa.
—¡Por supuesto que me encantaría! —respondió.
La presentadora se fijó en la máscara que cubría el rostro de