—¡Sigue soñando, yo no me mudaré ahí!
Valentina lanzó estas palabras con firmeza, intentando mantener la calma mientras salía de la sala de visitas.
Bajó las escaleras con el corazón acelerado.
Sabía que los magnates como el señor Mendoza jugaban sucio; tal vez le había echado el ojo y quería hacerla su juguete, pero ella no estaba dispuesta a ser la amante secreta de ningún poderoso.
Además, nunca había visto al señor Mendoza en persona, ¿y si era un monstruo?
Preocupada por los posibles trucos