Cira miraba los objetos con una mezcla de náuseas y odio.
Pero, obedeciendo, fingió elegir uno, mientras esperaba que el agua le devolviera más fuerzas. Sabía que no tenía suficiente energía para luchar contra él, así que necesitaba más tiempo.
Observaba los objetos no solo para distraer a Guillermo, sino también para encontrar algo que pudiera usar.
Vio un látigo y se detuvo.
—Me gusta ese.
Guillermo siguió su mirada y, al ver el látigo, sonrió maliciosamente.
—De acuerdo, como desees.
Rápidame