—¿Qué problema?
Guillermo parecía indiferente, ni siquiera se molestó en mirar por la ventana.
Greta se enfureció.
—¿Una muerta no es un gran problema?
Guillermo rio fríamente a través del teléfono.
—¿Y qué? ¿No hemos manejado situaciones peores? Madre, recuerda ayudarte a manejar esto.
Guillermo colgó el teléfono antes de que Greta pudiera responder.
Greta se quedó allí, llena de frustración. Aunque siempre había solucionado los problemas de su hijo, la frecuencia de estos incidentes comenzaba