Cuando don Raúl estaba vivo, no le gustaba que nadie utilizara su coche, ni siquiera ella. Alonso sabía muy bien las costumbres de don Raúl, ¡y aún así estaba permitiendo que Valentina usara su coche!
Lucía subió al coche con una expresión llena de dudas.
En la oficina de Alonso, en el último piso del edificio del Grupo Valenzuela, su asistente estaba informándole sobre la agenda del día y confirmando los planes para la tarde.
—Señor Alonso, esta noche ha quedado acordada una cena con el señor E