Al terminar de hablar, sus ardientes labios se encontraron con los de Santiago. Santiago siempre se sorprendía con sus besos. Aunque ella era como un torbellino apasionado y carecía de experiencia en el arte del beso, siempre lograba encender el fuego en su cuerpo con facilidad…
—¡Lo buscaste tú otra vez...! —insultó Santiago murmurando.
¡Al diablo el hospital! Ya que ella lo había encendido la llama, ¡tendría que asumir la responsabilidad de apagarla!
Las ardientes pasiones elevaron la temperat