—¿Qué puedes hacer? —Tras un breve silencio, Ariadna de repente rompió el hielo con Aitana.
Aitana había estado esperando precisamente esa pregunta. Tan pronto como la hiciera, consideraría que había logrado la mitad de su objetivo.
—Puedo asegurarme de que ella sea expulsada de la casa de los Valenzuela, con la misma facilidad que don Raúl la acogió entre lujos, puedo hacer que sufra su desprecio.
Manipular a un anciano, especialmente siendo su único descendiente, le daba a Aitana una confianza