Valentina se quedó perpleja, se agachó junto a él.
—Abuelo, soy Valen...
—Valen... eres Lucy —dijo don Raúl con una sonrisa.
Al ver la felicidad en sus ojos, Valentina decidió no corregirlo más. Si ser Lucy era lo que lo hacía feliz, así sería. Ella no podía traer de vuelta a la hija desaparecida de don Raúl, pero si podía ser su consuelo, eso sería su mayor valor.
—Abuelo, soy Lucy —dijo Valentina con una sonrisa.
Pero entonces, don Raúl frunció el ceño, corrigiendo:
—¿Abuelo? Soy tu padre... e