—Doña Lucinda, no puedo ayudarla.
Al escuchar las palabras de Valentina, el rostro de Doña Lucinda se tensó, parecía querer esforzarse por hacer que Valentina recordara los buenos tiempos con la familia Rodríguez. Sin embargo, Doña Lucinda, pensándolo bien, no lograba recordar ni un solo gesto de bondad.
Viendo que Valentina se marchaba, Doña Lucinda se desesperó aún más.
De repente, le gritó a Valentina:
—¡La familia Rodríguez te brindó la oportunidad de conocer a Don Mendoza! Si no fuera por m