Valentina se sobresaltó, y luego la voz melosa de su esposo resonó en sus oídos:
—No vayas a la fiesta de esta noche.
El tono seductor desató un torbellino de pensamientos.
La cara de Valentina se tiñó de rojo. ¿No ir a la fiesta? ¿Acaso él quería... con ella?
Pensamientos atrevidos irrumpieron en su mente, calentando sus orejas.
Con la cabeza gacha, no se atrevía a mirarlo.
—Eso no estaría bien.
—¿Por qué no? Esa fiesta no tiene nada de especial, mejor quédate conmigo...
Su esposo se volvía cad