Por instinto de protegerse, Valentina forcejeó con fuerza. Sin embargo, de repente, una mano firme de un hombre agarró la suya y entrelazó sus dedos de manera sugestiva.
Él escondió la cabeza en su cuello, y su respiración pesada sopló en su clavícula, haciendo que sintiera picazón y un escalofrío intenso. De forma instintiva, intentó darle una patada en sus partes íntimas. Pero, al levantar el pie, su rodilla fue controlada por su mano:
—¡Vaya mujer más cruel!
Hace dos días, ella se había ofrec