95. La Marca
Nuria
Él entró en la habitación como un huracán silencioso.
Los rastros de sangre que no eran de él. Y esa expresión… cerrada. Seria. Salvaje. Pero con una sonrisa. Una sonrisa lenta, sombría y hambrienta que me golpeó directamente entre las piernas.
Mi loba enloqueció.
El lobo de él exhalaba poder. Olor a sangre, dominio y victoria. Y aun así… aun así él seguía siendo mío. Todavía era él.
"¿Conseguiste lo que querías?", pregunté, con la voz baja, intentando esconder cuánto vibraba mi cuerpo so