90. Púas
Nuria
Salí de su habitación con las piernas temblorosas.
Pero no era solo eso.
El aire parecía más pesado, el cuerpo más sensible, y cada paso… una batalla.
El celo aún estaba activo. Latiendo. Quemando bajo la piel como brasas a punto de convertirse en incendio.
Intentaba respirar hondo, controlarme, recordar que era racional, dueña de mí, pero mi loba… joder.
La desgraciada quería dar media vuelta, empujar esa puerta de nuevo y arrojarse sobre él.
"Ve, él está esperando…", susurró ella, burlo