68. ¿Qué está pasando?
Nuria
Caí de rodillas en el instante exacto en que él salió por la puerta.
El suelo helado me recibió como si quisiera tragarme. Mis manos fueron directo al pecho, intentando contener el dolor absurdo que se extendía por dentro, como una punzada aguda en cada costilla, como si mi corazón hubiera olvidado cómo latir.
No era solo rabia. No era solo tristeza. Era la pérdida de algo que ni siquiera podía nombrar.
Mi loba gritó. Gritó como un alma destrozada. Y yo… yo no entendía.
¿Cómo es que algui