69. Ella se está muriendo
Stefanos
El mundo pasó borroso mientras el lobo corría.
Ramas se rompían bajo las patas. El viento rasgaba el pelaje. Y, por dentro, todo ardía.
Él corrió porque yo lo permití. Porque no soportaba más sentir. Porque, en ese instante, ser bestia era más fácil que ser hombre.
No había pensamiento. Solo instinto.
Pero incluso el instinto se cansa.
Cuando las patas fallaron, el cuerpo cayó al suelo cubierto de hojas húmedas, jadeando. Y fue entonces cuando la conciencia humana regresó. Me arrastré