67. Decisión precipitada
Stefanos
Ella seguía contra la pared.
Los labios húmedos. La respiración descompasada. El olor a deseo aún en el aire.
Pero entonces… esa sonrisa. Esa maldita sonrisa triste.
"Yo no puedo ser", murmuró ella. "Y menos aún… la tuya".
La frase se clavó en mi mente como una cuchilla. El silencio entre nosotros fue ensordecedor. La rabia surgió primero — como siempre.
Mi mano aún estaba en su cintura. Pero ahora parecía quemar. Como si su toque me hubiera marcado con fuego.
Aparté los dedos, como qu