52. Pedazos
Nuria
Por un segundo, me congelé. La imagen de las tijeras en los dedos de Diana, las cuerdas de mi violín cortadas con precisión quirúrgica, esa sonrisa cínica... todo pareció irreal. Pero no lo era. Estaba sucediendo. Y la furia que creció dentro de mí fue como una explosión — cruda, instintiva, sin frenos.
Avancé.
Ella ni siquiera tuvo tiempo de levantarse antes de que mis manos agarraran su brazo con fuerza. Las tijeras cayeron al suelo y rebotaron contra el piso con un sonido metálico y ag