51. Yo cedí
Nuria
Caminaba de un lado a otro, sintiendo las paredes cerrarse a mi alrededor como si intentaran tragarme. Hasta los retratos colgados parecían burlarse de mi desesperación silenciosa. Mis dedos se entrelazaban y soltaban en una repetición ansiosa, un intento inútil de contener la tensión que pulsaba bajo mi piel. Pero no funcionaba. Mientras no mirara a los ojos del Alfa, nada estaría bien.
Mis manos temblaban. Discretamente, pero lo suficiente para que yo lo notara, y las cerré con rabia, i