38. Sentencia
Nuria
El sonido de los cerrojos resonó como un trueno en mis oídos.
Tres. Cuatro vueltas de la llave. Un chasquido seco. Un final.
Y entonces, el silencio.
El oscuro pasillo de la prisión particular de Stefanos se cerró detrás de los guardias, y todo lo que quedó fue el eco de sus pasos alejándose... y la respiración desacompasada atrapada en mi garganta.
El olor a piedra fría, óxido y musgo impregnaba el aire de la celda como un fantasma antiguo. Y con él, llegaron los recuerdos.
Recuerdos que