169. El fin de un lazo
Stefanos
El coche ya estaba estacionado frente a la mansión, el motor encendido, y el conductor con los ojos fijos en el retrovisor, esperando la orden final.
Johan bajó los últimos escalones de la entrada como si estuviera yendo a un paseo cualquiera. La mochila colgada a la espalda, la expresión aburrida, esa misma que usaba desde pequeño cuando quería fingir que no le importaba.
Pero ahora, no estaba engañando a nadie.
Mucho menos a mí.
Abrí la puerta del coche despacio y me paré a su lado,