168. El collar
Nuria
La respiración aún se sentía pesada, como si cada inspiración exigiera más de lo que yo podía dar.
El dolor de cabeza venía en olas, pero era la náusea lo que más me molestaba. Una náusea insistente que no me dejaba en paz, como si mi cuerpo hubiera entrado en guerra con algo que yo misma deseé.
Estaba acurrucada en la cama, abrazada a la camisa de Stefanos. Su olor era todo lo que me mantenía anclada. Madera, humo y algo más... algo que solo existía en él. Eso era mi refugio. Mi muralla.