16. El sonido de la rendición
Stefanos
El silencio en la habitación era un peso abrumador.
Todavía intentaba entender dónde me equivoqué.
Ella estaba entregada a mí. Lo sentí. Su cuerpo cedió bajo mis manos, sus gemidos fueron reales. No había miedo antes... solo deseo. Entonces, ¿qué demonios pasó?
Nunca necesité preguntar qué quería una mujer. Lo sabía. Siempre lo supe. Mi toque siempre fue una orden que ellas querían seguir. Pero con ella...
Gruñí, irritado.
"Fuiste demasiado ansioso", le murmuré a mi lobo.
Él gruñó en r