145. No puedo ser reconocida
Jenna
Entré en la habitación golpeando la puerta con más fuerza de la que debía.
Teodora. A veces lograba sacarme de quicio de una manera casi maternal. El problema era que ese modo maternal parecía haberse detenido en el tiempo.
Ella era buena. Lo era. Pero también era anticuada. Como si ninguna loba de menos de cincuenta años pudiera saber lo que es el deseo. Como si solo las elegidas pudieran soñar con algo que va más allá de la obligación.
Refunfuñé para mí misma, caminé hasta el espejo y m