135. La invitación
Stefanos
Volvimos al salón como dos generales cruzando un campo minado. La cabeza erguida, los ojos afilados y el peso del mundo sobre nuestros hombros.
Pero bastaron unos pocos pasos para sentirlo: todas las miradas estaban clavadas en nosotros.
Antes, era curiosidad.
Ahora... era tensión.
Expectativa.
Como si cada sonrisa educada escondiera una hoja a punto de ser desenvainada.
Mi mano reposaba con firmeza en la cintura de Nuria. El calor de su cuerpo, el perfume amaderado de su piel, el soni