136. La propuesta
Nuria
La mañana pasó despacio. Demasiado lenta para mi gusto.
Y, aun así, mi corazón parecía correr como si algo estuviera a punto de explotar.
Estaba nerviosa. No como en los tiempos de Solón, cuando el miedo era paralizante.
Sino como alguien que sentía en el aire el peso de un cambio inevitable.
Verónica Castiel vendría para un café por la tarde.
Delante de todos.
Con la bendición de su propio padre.
Pero algo me decía que lo que ella realmente traería... era guerra.
Me vestí con un conjunto