13. Las fieras enjauladas
Nuria
El aire frío de la noche cortaba mi piel mientras marchaba por la plaza, todavía hirviendo por dentro. La rabia palpitaba en mis venas como un veneno.
Stefanos. Maldito fuera ese Alfa.
Mi cuerpo aún temblaba. Pero no era miedo. Era algo mucho peor.
Era la maldita frustración de saber que, por más que lo intentara, él siempre lograba desestabilizarme.
"No eres diferente de ese lobo asqueroso."
Las palabras resonaban en mi cabeza. Quise herirlo. Y lo hice.
El problema era que, al decir aque