116. Alguien va a morir
Stefanos
"Ella no es tuya."
Tres palabras. Simples. Crueles. Precisamente lanzadas como flechas, y todas acertaron el mismo blanco: mi instinto.
El papel estaba arrugado entre mis dedos cuando lo llevé a mi rostro. Cerré los ojos y aspiré profundamente.
Tinta. Papel antiguo. Un toque de óxido. Y… algo más. El olor de un lobo. Masculino. Calculado. Familiar, pero diluido. Alguien que tuvo acceso. Que entró aquí.
En mi casa.
Mi mandíbula se tensó, el maxilar pulsando con el esfuerzo de no romper