115. Ruptura en la barrera
Stefanos
La cabeza de ella pesaba suavemente sobre mi muslo, como si hubiera encontrado el único lugar en el mundo donde podría descansar en paz.
Y quizás así era.
Nuria pasaba las páginas con delicadeza, sus dedos deslizándose como si el libro fuera sagrado. A veces, fruncía el ceño, absorta en la lectura. Otras, sus labios se curvaban en una sonrisa discreta. El sonido de las hojas al pasar era lo único que rompía el silencio... y no me importaba.
Yo, el lobo criado en el caos, estaba en sile