Capitulo 39

La atmósfera en el ático se había vuelto irrespirable, cargada de una testosterona agresiva y una desesperación que se palpaba en el aire. La tensión entre Parker y James ya no buscaba una resolución verbal; buscaban la posesión absoluta de mi cuerpo, mi mente y mi alma, utilizando la única moneda que reconocían como válida en este juego retorcido: el deseo físico.

Parker, con esa calma clínica que me aterraba, me tomó de la mano y me guio hacia la habitación principal. James, lejos de quedarse
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