Capitulo 25
El trayecto de regreso a la mansión fue una agonía de anticipación. Ross no soltó mi mano ni un solo segundo, aunque su agarre era más un recordatorio de propiedad que un gesto de afecto. Apenas cruzamos el umbral de la residencia, el aire se cargó de una electricidad estática, un presagio de la tormenta que estaba por desatarse. Ella no esperó a llegar a la habitación; me empujó contra la pared del vestíbulo, con una ferocidad que nunca hubiera esperado de la mujer que, solo horas antes, se com