Eros no me dejó sola desde mi llagada en la mañana, mi pequeño pródigo. Sí, porque mi hijo era un niño genio. A sus casi seis años, ahora en enero los cumple, ya sabía a la perfección cinco idiomas, aparte del árabe, su idioma natal, en el último estudio realizado su coeficiente intelectual de doscientos dieciséis. Por eso asiste a una escuela especial, y puede que muy joven ingrese a una universidad, pero él ha dejado en claro que no quiere eso.
Siempre responde; «nací para que todo sé de a su