Alejandro llamó, dijo que se encontraba con sus amigos y me pidió que lo esperara en el apartamento, llegué con Elsa y he jugado con el niño. Me alegró ver que para Elsa él seguía siendo su nieto. Lo había apapachado más de lo normal, aunque la vi limpiarse las lágrimas, no lo ha despreciado. La puerta de la entrada se abrió dejando ver a un hombre desmoralizado, aunque calmado.
—¡Papi!
El niño salió corriendo, tanto Elsa como yo fuimos espectadora de un cuadro doloroso, trato de entender al ad