El padre me ha dejado gritar y pegarle uno que otro puño a la banca cerca del árbol, las lágrimas salían y salían. Carlos lo puso al tanto, fui un completo pendejo, un imbécil al que Sandra convirtió en un pelele.
—¡AAAAAAAHHHHHH!
Volví a pegarle a la receptora de mi ira. No era mi hijo, no era mi hijo, así me haga la prueba, lo sentía. Siempre tuve esa espina cuando en las reuniones familiares de la familia Daza éramos tan parecidos, cabellos negros y él era el único monito.
» ¿Cómo voy a verl