Llegué y Eugenio se sorprendió al verme, de casualidad estaba en la puerta cuando llegué.
—¡Jefe! —sonreí—. Hoy es el día de las sorpresas.
—Eugenio, no le digas a nadie, solo quiero ver a Virginia.
—Desde la oficina puede verla y ella no se dará cuenta.
—Solo dile a Fernanda que me encuentro en aquí.
—Si señor.
La discoteca se había mantenido muy bien, veo que las conservó, la sorpresa que se va a llevar por sí se le da por ir a donde teníamos el lote donde construiríamos nuestra casa. Se sorp