Espero impaciente la llegada de Ernesto para abrazarlo, Eros no ha dejado de llorar de felicidad también. Estuve encerrada por cinco minutos en el baño de la habitación, agradeciendo al único que podía sacarnos de estas, a Dios. Las manos seguían temblorosas.
—Mami. ¿Si comprendes que las cosas debían de ser así? —afirmé, a esa misma conclusión llegué mientras me puse de rodillas en el baño.
—Ahora ni remordimiento tengo, ni rabia con Alejandro, hasta tengo agradecimiento con Sandra por engendr