Tenía pavor, el grito de Virginia congeló mis entrañas. La escuchaba llorar, fui consciente que a mi lado llegó mi madre, Maju, el padre y los niños. Yo esperaba la sentencia de que algo malo le pasó a Eros.
—¡Encontraron un donante para Eros! —dijo y eso jamás lo imaginé, caí de rodillas—. Amor, tengo en mis manos los resultados, no vas a creerlo Alejo, Dios es perfecto. El donante es Ernesto.
Ahogué un grito, Maju me quitó el celular, al ver que mi mano lo soltó. Si alguien ha vivido en su vi