El bar estaba lleno de gente, la música alta y las luces tenues creaban el ambiente perfecto para perderse. Christian se acercó a la barra y pidió un whisky doble. Mientras bebía, sus ojos recorrieron el lugar hasta que se detuvieron en una chica que estaba sola en una mesa. Era atractiva, con una sonrisa fácil y una mirada que prometía distracción.
Se acercó a ella con su habitual confianza.
—¿Te importa si me siento? —preguntó, aunque ya estaba tomando asiento.
La chica sonrió, intrigada.
—Cl