Después de hablar con mi mamá, me sentí más tranquila y decidida a seguir adelante. Sabía que tenía el apoyo de las personas que más me importaban, y eso me daba fuerzas para enfrentar cualquier desafío.
Al día siguiente, me desperté temprano y me preparé para ir a la universidad. Mientras caminaba hacia el campus, me encontré con Clara, quien también se dirigía a sus clases.
—¡Buenos días, Alya! ¿Cómo te sientes hoy? —me saludó con una sonrisa.
—Buenos días, Clara. Me siento bien, gracias. Hab