Lograron terminar los arreglarlos justo a tiempo para almorzar con Eduardo, quien tenía algo de pintura color azul en su cabello en esos momentos, por lo que Helena se rio de ese pequeño descuido y busco limpiar la pintura antes de empezar a comer.
- Jeje gracias mamá – indico apenado Eduardo tomando asiento – ah cierto, oye papá am... ¿crees poder prestarme tu corona?
- ¿Mi corona? - pregunto Antonio arqueando la ceja - ¿para?
- Es que la necesito, para dibujarla – explico el rubio.
- Supongo